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La retórica es el arte de convencer y de influir. La retórica convencional se limite al modelo comunicativo de orador-discurso-público. En cambio, la retórica moderna va más allá de este triángulo tradicional. Incluye las cosas, es decir todo lo que no sea un ser humano. ‘Cosas’ son actividades y señales humanas, pero también los objetos inanimados y la naturaleza.

Incluye, por ejemplo, la sonrisa desarmadora, que es como un breve pero elocuente discurso que me hace sentir algo, que me influye.
El perfume que me seduce sutilmente es otro discurso sin palabras, quizás mucho más eficaz que cualquier palabra.
También incluye las hierbas que afectan el plato al darle sabor.

Incluye un virus que afecta la vida humana a todos los países del mundo. O la sopa de plástico en el océano, que es como un discurso advirtiéndonos sobre las consecuencias de nuestro estilo de vida. El efecto en nuestras vidas de las redes sociales. El paisaje del desierto que me habla de la desolación y el murmullo del mar que me relaja. El perro guardián que lo deja claro hasta qué punto puedo acercarme.

Esta perspectiva moderna de la retórica, que describo como la retórica de las cosas, forma la base de mis proyectos.